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“Baygón” Posted on September 13th

Hoy postearé una de mis legendarias entradas en Español, ya que voy a intentar algo especial el día de hoy. Cuando arrancó la página me pregunté a mi mismo: “¿cómo harás a la hora de publicar tus cuentos?” No quisiera que me nacharan mi obra… es un sentimiento muy feo. Así que para las entradas donde publiqué cuentos que han sido compilados en varios medios impresos (sin hablar de “Mada Faká”) decidí incorporarlos en la página usando el formato Flash y así todos ganan. Pero hoy amanecí con una mentalidad diferente… vamos a ver cómo resulta la cosa. A continuación, el cuento “Baygón,” una obra escrita hace un tiempo atrás y el cual estoy decidiendo si incluir en la compilación “Héroes Ficticios” o no… aunque una vez lo leas te darás cuenta de lo bien que estaría si fuera puesto en él, ya que “Héroes” trata de eso mismo. En fin, he aquí el cuento. disfruten y, si gustan, comenten:

Todo empieza con un berrinche. Dos hermanitos, de nueve y diez años, se revuelcan en el piso de la tienda por departamentos con perfecta simetría, gritando histéricamente con el fin de convencer a su padre de comprarles todas las figuras de acción de “La Liga de la Justicia,” cuyo valor estimado daría un total a sesenta dólares con trece centavos… impuesto incluido.

 

¡No!”

¡PORFAVOR!”

¡No!”

PORFAVOR!”

¡No!”

 

El señor agarra al mayor por la pierna y lo arrastra porque no se va a querer parar hasta que haya agarrado los muñecos, lo sabe; su hermanito lo sigue, arrastrado por el agarre del hermano y como un trencito bizarro los tres llegan a la caja, dos de ellos berrinchando. Los hermanos fantásticos se levantan y en formación militar atacan las piernas de su padre, agarrándose de ellas como mono en un árbol. El señor intenta sonreírle a la paciente cajera mientras el menor le muerde la pantorrilla a su padre; papá puede ser papá, pero es hombre primero… así que ante el dolor reacciona pateando al chiquillo fuera de su pierna y el niño cae de culo pero se queda callado porque sabe que se portó como animal. En fin, hace su compra el señor y, triste, el hermanito le agarra la mano al papá mientras el mayor pasea montado en su pierna izquierda. Y pensar que todo esto ocurrió solo por querer unos condones…

 

En el carro, el puteo de la vida. Que no pueden hacer “escenas” así en tiendas, que nunca les ha pegado pero a veces le gustaría meterles el zapato por el “pupu-side” para que aprendan a comportarse, que cuando se ganen su propia plata sabrán lo duro que es hacer compras, que uno no siempre consigue lo que quiere, que no es su mamá que la muy pendeja sí se deja convencer por las berrinchadas, que él no, que suban a su cuarto y que se vayan a dormir que Papi tiene cosas que atender. Son las ocho de la noche; Bruno y Ariel están acostados en sus camas, molestos porque podrían estar jugando con sus juguetes nuevos mientras papá juega al doctor con mamá.

 

¿Bruno…?”

Dime.”

Ariel piensa por un momento lo que iría a decir, pero tiene que ser algo inteligente porque a su hermano no le gusta que le digan pendejadas cuando está molesto.

 

Podemos ir mañana y comprarlos.”

¿Solos?”

Pues… pues sí…”

No tenemos la plata.”

Yo sí tengo plata…”

 

El niño, entusiasmado, se desarropa y asoma el brazo debajo de su cama para sacar una caja donde venían las zapatillas que le regalaron para su cumpleaños hace unos meses atrás. Bruno tiene curiosidad así que deja apuntar su mirada al misterioso cartón. Con sonrisa inocente, Ariel abre su caja lentamente como si fuera un tesoro pirata y mirando su botín por un momento, sostiene la caja con orgullo para que su hermano vea cuánto dinero tiene guardado adentro. Bruno mira dentro del cofre del tesoro y cuenta… para después volver a acostarse en su cama, desilusionado.

 

Tienes dos dólares nada más.”

Si tú dijiste que necesitamos plata para comprarlos… ¡esto es plata…!”

Pero no es lo suficiente.”

¿Porqué no?,” le pregunta Ariel, sosteniendo uno de los dos billetes dentro de la caja en su mano. “¿Cuántos necesitamos?”

Un montón.”

¡Dime cuantos! Puedo buscar en otras cajas o puedo poner los dientes que se me cayeron para que venga la hada madrina y nos dé más plata.”

Un montón… no podemos conseguir tanta plata.”

¿Cuánto?”

Un millón.”

¡No existe tanta plata!”

Sí existe… papá tiene un millón y no nos quería comprar los muñecos.”

Papá no tiene un millón… un millón de plata no existe…”

Tengo hambre… vamos a la cocina.”

Yo no tengo hambre, Bruno…”

Pero me tienes que acompañar.”

¿Porqué? Si yo soy el que tiene plata y tú no.”

¡La plata no importa ahora!”

¿Entonces porqué, ah?”

Porque… tú sabes…”

Bruno…” le pregunta Ariel, sorprendido: “¿Crees que El Cuco está en la casa hoy?”

Claro… si papá nos mandó a dormir más temprano hoy. ¿No te acuerdas cuando le preguntamos porqué nos mandaba a dormir tan temprano?”

No…”

¡Nos dijo que era porque si nos quedábamos abajo en la sala nos íbamos a encontrar al Cuco porque viene una vez a la semana a ver televisión! Y al Cuco le gusta comer niños así que por eso nos manda a dormir temprano los miércoles… ¿hoy es miércoles?”

¡Sí! Porque dieron ‘La Liga de la Justicia’ hoy en la tele…”

 

Se quedan callados mientras esperan escuchar cualquier ruido viniendo de abajo. Está todo callado… solo se escuchan a sus papás jugando al doctor.

 

Vamos, pues,” le dice Ariel. “¡¡¡Pero vamos y subimos rapidíto!!!”

Está bien… dale, ve adelante.”

 

El temerario Ariel camina sigilosamente por el pasillo hacia la escalera, pegado de Bruno quien lo sigue como si su vida dependiera de ello. El pasillo es oscuro, solo lo ilumina una lámpara de luz amarilla opaca al lado de la escalera. Ariel usa la luz a su favor, viendo el destello para ver si la sombra del Cuco lo delata. Caminan despacio, pelando los oídos para ver si escuchan alguna otra cosa que no sea a sus papás jugando al doctor. Bajan las escaleras bien despacio, sin saltar escalones como usualmente lo hacen cuando los recoge el bus de la escuela; cualquier paso en falso y serán la cena.

 

Lentamente abren la puerta de la cocina porque esta chilla; se escabullen en la pequeña abertura que le da y se cubren con el mueble central. Miran alrededor, sudando la gota gorda cuando se dan cuenta que no hay moros en la costa. Revisan que la puerta esté cerrada porque su papá le dijo que El Cuco no puede abrir puertas, así que una vez que todo esté bien y estén a salvo sueltan suspiros de alivio y Bruno prende la luz.

 

Buen trabajo, Ariel.”

Me deberías dar algo.”

¿Qué quieres?”

“…Plata.”

No tengo… pero te puedo dar galletas de mantequilla, esas que te gustan,” le dice Bruno mientras que a duras penas abre la puerta del refrigerador. El envase plástico y transparente que guarda las galletas está fuera del alcance de Ariel, pero Bruno lo puede alcanzar sin problema si se pone de puntillas.

Bueno… ¡está bien! Bájalas…”

Ven para que lo apañes,” le dice su hermano mientras se alza con las puntas de sus pies en la alfombrita frente al refrigerador y Ariel se asoma al lado con los brazos abiertos y sus ojos un poco cerrados como para poder aguantar el impacto. Las manos de Bruno agarran más o menos el envase y antes de que lo pierda, lo arrastra a la orilla de donde está y cae justo en la cara de su hermanito; éste aprovecha su cara para amortiguar la caída y así poder agarrar el envase mucho mejor. Ariel corre a la mesa con su botín pegado todavía a la cara hasta que lo pone sobre su delantal en la mesa y se trepa a la silla.

¿Y tú, qué vas a comer?” le pregunta Ariel mientras se mete tres galletas a la vez.

Yo quiero una pizza congelada,” le dice Bruno mientras cierra la puerta del refrigerador para, a duras penas, abrir la puerta del congelador.

¡¡¡Noooo…!!! ¡Acuérdate de lo que dijo mi primo!”

¿Qué dijo?”

¡Acuérdate! ¡Dijo que comidas congeladas te hacen hacer mucho pupú!”

Bueno,” reflexiona Bruno cuando le es recordado el pequeño incidente en la que se basó su primo-hermano para darles esa recomendación. “Dame un poco… de tus galletas de mantequilla.”

 

Ariel come fascinado, con los ojos cerrados y una sonrisa de éxtasis mientras se mete toda galleta que pueda caber en su boca. Bruno es más discreto en su deleite al otro lado de la mesa, limitándose a comer una sola galleta a la vez. No se dicen una palabra; el envase abierto en el centro de la mesa es todo lo que hay en su mundo ahora mismo.

 

El hermanito menor solo piensa en galletas mientras el mayor planetea; piensa en una cómica que vio hace poco… es nueva, dicen que fue hecha por alguien de aquí pero se parece a las que vienen del otro lado del mundo… está bien sólida… se pregunta si ya habrán salido los muñecos cuando algo le rompe la concentración; Ariel se fue para atrás con todo y silla y cayó al piso. A Bruno le toma un momento darse cuenta de lo que pasó pero inmediatamente se baja de la silla para atender a su hermano. Cuando lo ve arrastrado para atrás con un susto imborrable, corre hacia él. Está temblando…

 

Ariel, ¡¿qué paso?!”

Es… es… es… es…”

¿Qué? ¿Qué paso?”

¡Bruno, mátalo…!”

¿Qué cosa? ¿Quién es? Quién…”

 

Bruno detiene las preguntas… y piensa lo imposible.

 

Es… ¿Ariel, es El Cuco…?”

¡¡¡ES UNA CUCARACHA!!!”

 

Ariel, tembloroso, señala a la mesa. Bruno lo mira con las cejas caídas, y se vira lentamente parándose para descubrir a una cucaracha gigantesca mirándolo de vuelta, con las antenas del tamaño de los dedos índices del papá. Tiene hasta alas. Es gorda y de coraza que refleja la luz. Sus patas peludas y grandes, capaz de correr grandes distancias en poco tiempo. Es una cucaracha nodriza. Como en las películas. Un asco. Asquerosa. Se podría comer a un recién nacido si quisiera. Ariel odia a las cucarachas. Le producen un terror que ningún personaje de miedo le podría dar.

 

¡Se quiere llevar las galletas, Bruno! ¡¡¡Mátalo!!!”

¡¿Y porqué yo?!”

¡Porque eres el mayor!”

¡Pero si tú no le tienes miedo a nada!”

¡Le tengo miedo a las cucarachas!”

Está bien…” le dice Bruno, pegándose a la puerta de la refrigeradora. “Busca el directorio. Vamos a aplastarla.”

¿El directorio? ¿Qué, qué… qué es eso?”

¡Las páginas amarillas, Ariel!”

¿De-debajo del te-te-teléfono?”

Ese mismo. ¡Ve!”

Bruno escucha las pisadas de su hermanito mientras éste va hacia el teléfono en la sala súper rápido para que El Cuco no lo vea. La cucaracha ve al niño y lo saluda con sus antenas del infierno. El pobre se arma de valor y poco a poco se acerca hacia la mesa, despacio para no provocar al horrendo insecto; llega al punto en el que puede agarrar la tapa del envase donde se guardan las galletas, lentamente levantándolo de la mesa… la cucaracha no hace nada. Bruno empieza a sudar, y todos están inmóviles. De repente, Ariel entra corriendo a la cocina con los ojos cerrados hasta chocar con la refrigeradora y Bruno aprovecha para arrebatar el envase de la mesa y sellarlo; la bestia se queda quieta, viendo las monerías de los humanos en frente suyo.

 

¡Casi me agarra El Cuco, Bruno! ¡Lo vi!”

Tenemos problemas más grandes… dame el directorio,” le dice su hermano mayor cuando Ariel le pasa el tremendo libro y lo pone encima de la estufa. Empujando ligeramente a su hermanito fuera de la alfombra en frente del refrigerador, sigilosamente da la vuelta alrededor de la mesa. “La cucaracha está encima de tu delantal. Voy a agarrarla y a tirar la cucaracha a la alfombrita.”

¡¿Vas a agarrar a la cucaracha?!”

¡¡¡No!!! El delantal… voy a hacer que la cucaracha caiga en la alfombrita y tú le tiras el directorio encima, ¿O.K?”

¿Yo…?”

¡Sí! Porque yo lo lanzo.”

Está bien…” le dice Ariel mientras agarra, a duras penas, el directorio y se lo pone encima de la cabeza, con los brazos estirados hacia arriba.

¿Estás listo…?” le pregunta Bruno.

No…”

Bueno, aquí va…”

 

Bruno agarra la esquina del delantal cuando la cucaracha se vira, atrapando al niño in fraganti. Éste se asusta, pensándolo dos veces por un momento pero cuando la cucaracha intenta escapar, ¡el humano lo lanza hacia la refrigeradora! La cucaracha gira en el aire sin poder levantar vuelo hasta chocar con la puerta de la refrigeradora, mandándolo en seco al piso. No lo dejan incorporarse cuando justo en el momento en que aterrizaba forzosamente en la alfombra azul oscuro, le cae un directorio telefónico encima.

 

¿Crees que lo matamos?” le pregunta Bruno a su hermanito.

Creo que sí…”

Levanta el directorio…”

¡¿Porqué yo?!”

Porque tú fuiste el que se lo tiró.”

 

Ariel se agacha lentamente, con su hermano mayor a la expectativa en todo momento. Agarra el directorio por los lados y como si estuviera arrancando una curita lo levanta con todas sus fuerzas. Le echa un ojo a la portada del directorio, pero no hay cadáver… con miedo, mira hacia la alfombra y pega un grito tan alto que lo manda al piso de nalga; la cucaracha sigue ahí… ¡y se acaba de mover!

 

¡Bruno! ¡¡¡Bruno!!!” llama a su hermano, halándole la basta de la pijama, histérico. “¡Todavía está vivo! ¡¿Qué vamos a hacer?!”

 

Bruno no responde… está inmóvil. No puede pensar. Se acaba de orinar los pantalones. En el vidrio de la puerta de la cocina hay alguien viéndolos. Una silueta negra, una bestia con orejas de gato y algo redondo que le sale de la frente. Una bestia. Están acorralados. Pero el engendro no sabe abrir puertas… cuando la silueta sorprende a los niños empujando la puerta con todas sus fuerzas, ¡haciendo un escándalo! Los muchachos se quedan inmóviles; piensan encarar su fin con miedo, pero con dignidad cuando de dentro de las sombras, entra a la cocina… ¿su papá?

 

¿Papi?” suspira Bruno con extrañeza…

Es su padre; hombre de cuarenta y dos años de cabello negro, corto. Alto, con lentes y cachetes caídos. Lo más extraño de esto es lo que trae puesto: Una bincha en la cabeza, roja y con orejas de gato, un espéculo igual que los doctores de las cómicas y una bata de laboratorio. Entra a la cocina molesto, parándose frente a sus hijos asustados y abre sus brazos, preguntando sin decir una palabra qué es lo que pasa. Los muchachos, con los ojos pelados, apuntan al mismo tiempo hacia la alfombra del refrigerador; su papá mira en esa dirección para encontrarse con la cucaracha extraterrestre y sin decir o expresar nada se agacha para poder verla mejor. La cucaracha se queda inmóvil, defendiendo su territorio. Después de un momento el señor solo emite estas palabras:

 

“…Están awevaos.”

 

El señor agarra la cucaracha con la mano y ante la mirada atónita de sus niños, la aplasta con sus dedos índice y pulgar. Las tripas de la intrusa se desparraman por toda su mano, y si uno escuchaba atentamente podría jurar que escuchó el grito de muerte agonizante de la cucaracha. Acto seguido, tira el cadáver a la basura y se remoja la mano en el fregadero. Sus hijos todavía no pueden creer lo que acaban de presenciar. Su papá los mira seriamente después de lavarse y les sonríe, sosteniendo el rostro estupefacto de Bruno. Y así, su héroe se retira a la alcoba sin dejar que la bata de laboratorio se le atasque en la puerta de la cocina… lo interrumpieron mientras jugaba al doctor con mamá.

Colorín colorado…

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One Response to ““Baygón”” :

  1. ja aca en madrid hay un hotel q se llama baygon… wtf.. jajaja . por suerte no me qedo en ese hotel.. saludos fren . tu ex compañero

    Commented rod on February 12th, 2007.
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