“Mi Deseo”
Amarro mis problemas y los lanzo al viento, metiendo los pies en la arena mientras siento el frío entre mis dedos, intentando mirar más allá del horizonte. Dicen que si miras lo suficientemente lejos hasta puedes ver cómo el cielo se torna de día justo sobre el cuerpo azul marino, aquel cuerpo en calma que cuida todas las noches de verano. El océano parece una gran sábana azul con miles de diamantes regados sobre él… Las esquinas del mundo juegan con el mar, jalándolo de un lado a otro en una alegre calma. Una bella armonía. Intento acostarme sobre el aire que pasa en todas direcciones a mi alrededor, dejar que sostenga mi peso y por momentos juro haber sentido unas manos sosteniéndome por los hombros, posando gentilmente en la arena como una pluma que cae en la almohada.
Regreso de mi breve sesión de gula espiritual al sentir como la arena juega con mis sentidos, cosquilleándome como para hacerse notar. Alzo la vista al cielo y siento como si estuviera dentro de una gran tienda de campaña, su techo agujereado mil y un veces con una aguja dejando entrar pequeños destellos de luz que vienen de allá muy lejos, por encima de mí. Poso mi mirada sobre la noche estrellada con asombro; siento una sensación de descubrimiento que puedo comparar únicamente con esas experiencias de vida que uno vive si tan solo una vez. O mejor aún, cuando descubres una forma diferente de ver las cosas. Ver por primera vez al Cirque du Soleil. Tu primer beso. El olor a pino en tiempo de navidad. La champaña de año nuevo. La película que te marcará de por vida. Nadar dentro de un mar en calma. La paz que te da una hamaca. El olor de la persona que amas en tus sábanas la mañana siguiente. Un abrazo sincero. Palabras de aliento. Un “te quiero.”
Entre pensamientos cálidos acuesto mi cabeza en la arena, negra y brillante tal como un espejo de la serena oscuridad que me abriga esta noche. Veo las estrellas, tantas estrellas que están esparcidas a través del lienzo negro, flotando sobre un cuerpo interminable de aire. Luciérnagas que en su simplicidad representan la vida bella, bailando en el aire con la paz del mundo iluminando sus pasos. Con la llama del encendedor se mueven las estrellas, la luz que les da vida expandiéndose a la par de la calma que portan los planetas al dar sus órbitas.
Necesito saber si los milagros son posibles, y al pensarlo pienso haber visto platillos voladores que se esconden entre las nubes esbeltas e intento contactarlos, señalándolos con mi encendedor mientras sonrío ante el rostro de lo absurdo; una explosión de alegría que me hace llegar al punto en que siento cómo todo este lugar es perfecto; el mar es perfecto y sus diamantes son perfectos al igual que el amanecer que se asoma discretamente en el horizonte perfecto del océano perfecto y el cielo es perfecto con sus nubes perfectas y las miles de estrellas perfectas que destellan una luz perfecta, el espejo líquido a sus pies, la arena de luz que me da una cama tan cálida y veo todo esto y escucho, pruebo, huelo, siento todo esto con una sensación tan sincera y la verdad es que en este momento, aquí mismo donde me encuentro, mientras el universo revela sus secretos ante mí… en este momento me siento feliz. No seré tan feliz como lo soy ahora…
Amor, cómo quisiera que estuvieras aquí.
Incubus – “Wish You Were Here”
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