“Sin Nombre”
Aquí les traigo otro de mis relatos, una pieza de suspenso que, aunque demasiado corta a mi parecer, hace buen material para pasar el rato. Hubo un tiempo en el que casi hago del cuento un cortometraje pero como son las cosas a veces, nunca se dió. Sigo interesado en filmarlo algún día que disponga de el tiempo y los recursos para hacerlo; si hay alguien por ahí que me quisiera ayudar con ello, porfavor contácteme! En fin, voy a postear “Sin Nombre” de la misma forma en que publiqué “Baygón;” a secas, sin formato Flash ya que parece que así es más accesible mi obra. En fin, disfruten y si tienen comentarios ya saben dónde dejarlos.
Despertó con el frío, seguido por un dolor punzante en el costado que le dijo antes de inspeccionarse que le habían robado el riñón. Se extraña, no entiende lo que está pasando ni sabe dónde está; entran sus sentidos y se percata que se encuentra en una tina de baño, su cuerpo sumergido en agua y hielo. Está desnudo. No tiene ni su reloj ni su collar y el frío le empieza a exasperar… Se levanta de la cama líquida cuando el dolor regresa, apuñalándolo en el costado izquierdo; no puede mover su brazo bien, mucho menos alzarlo. Está en el baño de un apartamento, pero no sabe de quién; de él no es. Se acerca al lavamanos pero lo que es más importante, se acerca al espejo del botiquín. Con miedo, camina para ver mejor lo que produce su dolor…
Cuarenta y dos puntos. Gruesos, negros y deformes, pasmados sobre sus costillas. Se asusta, grita pero es forzado a callarse por el dolor; no sabe qué es lo que le han quitado pero se acuerda de los reportajes que había visto cuando era más joven y así llega a la conclusión que es uno de sus riñones. Puede respirar bien… Se siente débil, adolorido y frío… ¿Dónde está? ¿Qué hace allí y cómo llegó? No se puede exaltar. Si se exalta, se desmaya y solo Dios sabe lo que pasaría. No sabe si los que le hicieron esto se encuentran en el apartamento. Puede ser hasta de ellos. No vive aquí; nunca antes había visto este baño amarillento, caliente y sucio.
Posa su oído a la puerta para escuchar si está pasando algo en el otro lado. Escucha los gemidos de una mujer que provienen de un televisor, pero más nada. No se va a tomar el lujo de salir sin arma así que calladamente busca detrás del inodoro y por arte de magia encuentra un revolver ya cargado. Se sorprende por el golpe de suerte y después de tomar un aire de valentía, abre violentamente la puerta con la mira al televisor, del nerviosismo halando el gatillo y desbaratando la pantalla. Se asusta por el estallido de la pólvora pero después, en la calma, abre sus ojos nuevamente y ve cómo el VHS escupe un casete; Se acerca al aparato y sacando el video lee el título del mismo:
“CHINAS TETONAS DEL LOTO No. XIII.”
Se le queda viendo un momento con cierta extrañeza y posteriormente lo deja caer a la alfombra. Revisa los cuartos, uno por uno… Una cocina sucia y desatendida, con trastes, platos, ollas y comida rancia regada por todo el lavamanos… Una sola recámara que contiene espejos en las paredes y el techo, una cama de agua y un estante que va de piso al techo repleto de lubricantes, consoladores y otros juguetes sexuales; se le queda viendo a todo aquello y después de unos cuantos momentos lentamente le da por cerrar la puerta.
Mirando hacia afuera, no reconoce la calle pero por lo menos ahora sabe que todavía está en la ciudad. Camina hacia la puerta y abriendo las trancas rápidamente se prepara para irse antes de que quien lo haya raptado le de por regresar… Cuando escucha golpes viniendo desde el interior del closet. Se detiene y escucha el pataleo nuevamente; puede ser un rehén, igual que él… ¡Tiene que ayudarlo! Corre al closet e intenta abrirlo pero el cerrojo no funciona. Le dice a la persona atrapada que se eche lo más para atrás que pueda, que le va a disparar a la puerta y en un estallido la tranca se deshace, dejando que la prisión se abra sola.
Ve a una muchacha, desnuda y acorralada en la esquina, sucia y desatendida; está feliz que por fin se abre la puerta y puede salir, lentamente gateando hacia el pasillo del apartamento. Él le dice que no se preocupe que van a salir de allí pero ella se paraliza al escucharlo… Mira hacia arriba y cuando divisa su rostro le tiemblan los labios y empieza a gritar, llorando; lo patea entre las piernas y al caer, ella no sabe qué hacer, no puede pensar bien pero de repente el miedo se convierte y la ira la invade, pateándolo más y más mientras él le grita para que deje de golpearlo que solo quería ayudarla pero no se detiene, quitándole la pistola y apuntándole con ella, diciéndole que no se mueva porque jura por Dios que lo mata si acaso se le ocurre mover un solo dedo.
Su cabeza sangra, una línea roja cayendo por su frente hacia el lado de su nariz; le pregunta qué carajo le pasa y entre el miedo y la rabia, la mujer histérica se da a explicarle.
“¡NO! ¡NO voy a dejar que te acerques! ¡NO voy a quedar como las otras! Quédate allí… Quédate quieto, maldito pervertido, asesino, basura…”
“¿Pero qué te pasa?” Le pregunta con las palmas mirando hacia arriba mientras se acerca y la única respuesta que le da es un grito de miedo mezclado con rabia.
“¡¡¡Quédate donde estás!!! ¡Quédate o disparo!” Le dice, seguido por un momento de silencio en el cual los dos no saben qué hacer hasta que del nerviosismo la mujer le dispara en la rodilla derecha, mandándolo agonizando de dolor al suelo. Llora de lo nerviosa que está mientras él grita de dolor. Se trata de arrastrar a la recámara y ella le advierte que no se mueva pero al no saber escucharla recibe otro disparo, esta vez en la espalda. Dispara denuevo pero le da al marco de la puerta así que hala el gatillo una vez más, para darse cuenta que la pistola se ha atorado; le tira el arma y corriendo por la sala, encuentra detrás del sofá un cuchillo enorme, del tipo con el cual Rambo basa sus fantasías más sórdidas.
“¡Quédate donde estás! Quédate o te acuchillo denuevo… Juro por Dios que esta vez no voy a fallar. Te mataré, Cristóbal. ¡Te mataré! ¡Quédate donde estás!”
Cristóbal se queda estático; recuerda su nombre. No solo su nombre, sino a ella también y no solo recuerda eso sino que también le regresa a la mente cómo terminó en la tina llena de hielo… Ella lo apuñaló varias veces. Lo hizo para evitar que la violara. La violaría y mataría, así que se defendió como mejor pudo; en la gaveta superior de la mesita de noche, entre lubricantes y condones encontró ese cuchillo, y con él encima intentando forzarse dentro de ella, lo apuñaló cuatro veces en el costado para después patearlo fuera de la cama. A punto de caer en un colapso nervioso, se incorpora y, cuchillo en mano, se lanza hacia él para acabarlo pero su fuerza sobre ella es abrumadora; le pega en la cara un par de veces e inmediatamente cae inconsciente. Cristóbal aprovecha que ella no va a pelear y la penetra, viniéndose en su cara poco después para humillarla. Al culminar, la arrastra por la sala y la tira en el closet, cerrándolo con llave; allí es cuando el efecto de la cocaína se disipa y empieza a sentir la herida abierta que lo desangra. Se tambalea por la sala, accidentalmente prendiendo el televisor en donde está corriendo la película porno de las mujeres del loto y a duras penas logra llegar al baño. Se toma pastillas para la migraña, Prozac, y saca hilo y alambre, el condimento secreto que usa para cuando prefiere inyectarse en vez de inhalar. Le toma 1 hora y cuarenta y cinco minutos hacerse los puntos y del cansancio extremo que siente, se echa en la tina llena de hielo en donde iba a echar a la señorita después de sacarle el riñón. Cierra los ojos y allí se queda por tres días y medio.
Su rostro descansa de lado al suelo, rindiéndose ante el dolor mientras su rostro expresa el terror en su mente; no sabía que era capaz de algo semejante. Se habla a sí mismo, llora mientras le pide perdón a Dios por lo que le hizo a ella y a cuantas más pudieron haber sido mientras que siente un cañón presionar contra su cien. Le da apenas tiempo para mirar a su lado cuando en una detonación acaba todo, envolviéndose en la nada.
“Le quedaba una bala.”
PANAMÁ, CIUDAD DE PANAMÁ – El hecho de sangre que tomó lugar en Los Libertadores cobró la vida de Cristóbal Díaz Bernal, a quien después de una investigación hecha por la Policia Técnica Judicial (P.T.J) y autoridades pertinentes se le ha vinculado a los asesinatos y robo de órganos de más de 27 personas y la violación de más de 34 víctimas, 32 mujeres y 2 hombres. Bernal, hombre de 24 años, se presume que comenzó su vida criminal a los 16 con la señorita Beatriz Cuevas Lasso, quien iba de regreso a su casa después de salir del colegio San Agustín cuando el asesino la adormeció con una sustancia para después violarla y posteriormente acabar con su vida. La autopsia hecha al cuerpo de Bernal revela un uso extremo de estupefacientes al igual que drogas ilícitas como la cocaína y heroína. La señorita que acabó con su vida y alega defensa propia, una joven de 19 años que lleva por nombre Rosa Herrera, está siendo tratada en el hospital San Judas Tadeo tras diagnosticarle desnutrición y Hepatitis, al igual que severos golpes en el cráneo y cuerpo producto del maltrato del hoy occiso. La señorita está también seriamente trastornada, afectada sicológicamente por lo ocurrido pero no solo su familia, sino las familias de las demás víctimas agradecen a Dios que los días de terror del señor Cristóbal Díaz Bernal han finalmente acabado. – Grimaldo B. Sanjur, EL PULSO DE LA NACIÓN; 2 de Agosto, 1989.
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Estimado Rob:
Tengo un blog literario (con aspiraciones de revista) de nombre “la hoja.” Todos los martes publico cuentos cortos y poesía panameña, de autores de todas las edades. Los textos son seleccionados por el comité editorial (me, myself and I) y éstos son vistos por escritores nacionales e internacionales. Anímate y me mandas algo. Escríbeme a lahoja@gmail.com
Un abrazo,
Lili Mendoza
Editor
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Dicho y hecho! ¿Ahora, qué te mando? Hmm…
Te estaré mandando un e-mail muy pronto. ¡Gracias por la invitación!